Jordi Curto Milà

En la obra pictórica de Jordi-Enric Curto i Milà, - hasta 2010 -, podemos identificar cuatro tipos principales de objeto diferente según el sistema empleado para ejecutarlo.

En primer lugar algunos trabajos ocasionales de apariencia más académica, destinados a una interpretación personal de la relación entre el color materia y el color luz, suelen partir de paletas experimentales o reducciones de la paleta de Joaquim Mir, ver “Cadaqués al atardecer”, “El día de las mujeres”, “Conversación en Wall Street”, “El hombre del piano”, “El pino”, “El ágora”, “Gesatpai”, “La barca del vecino”, “Sabathdance” o “Raval”.

En segundo lugar, óleos sobre papel, medio abstractos medio figurativos, surgidos del desarrollo de ejercicios cromáticos informalistas mediante la lectura y posterior transformación de las formas residuales, aparentemente arbitrarias, que surgen del cruce gestual, del movimiento del óleo encima del papel o de la superposición no controlada de capas de diversa tonalidad.

Dentro de este segundo modelo encontramos por caso “Éxtasis”, “La ventana roja”, “Alamut”, “Bocana”, “Keuper”, “El baño”, “Espacio suburbano”, “Girasoles vivos”, “Plan de viaje” y “La casa de G...”.

En tercer lugar, óleos sobre tela de factura mucho más lenta que los anteriores, utilizando el mismo sistema pero con figuras y signos que no surgen directamente del discurso pictórico estricto sino que se incorporan a posteriori para hacerlo más sofisticado o más complejo. Lo ejemplifica “Niños jugando en la arena”, “Teoría Monástica”, “La falsa ventana”, “Estudio con guitarra y piano”, “Dorsoduro”, “Psicopatología cotidiana”, “Florista”, “Tempus fugit”, “La regadera en la Arcadia” o “Cruce de cardinales”.

En cuarto lugar, estudios y trabajos de pequeño formato destinados a la comprensión de esquemas gráficos y cromáticos pero con valor intrínseco propio, puesto que los contrastes tonales y las texturas y vectores que los apoyan, generan posibles significados que los hacen valiosos dentro del conjunto de la obra.